Fuí para que me retiren la Doble G, pensé que era más complicado pero no. Solo me atendió una enfermera que estaba pendiente de mi cita, no tardó ni 30” y listo, me quitó también el saquito que cargaba todo el tiempo. Eran momentos de mucha angustia por saber que se viene, tomé coraje y me puse de pie. Ya no era una chorrera, pero, persistía un goteo que si llegaba al piso, entonces me alcanzó una servilleta higiénica y me dijo friamente, tiene que hablar con la doctora.
No obstante la desilución que sentía en esos momentos, entré en razón y pensé que de todas formas hubo un avance notorio: del 100% del problema se había reducido un 80% pero igual la incomodidad continuaba, excepto que ya podía caminar con normalidad y sin dolor.
Categoría: Carmen Rojas Bizerra