COMENZÓ EL 2016 Y LA ÚLTIMA SESIÓN DE QUIMIO

Celebré junto a mis hijos la llegada del 2016 y lo pasamos muy lindo. Yo estaba un poco inquieta porque como dije, luego que pasaban dos días de cada quimioterapia en los cinco días siguientes me venían todos los malestares: debilidad, náuseas, un poco de mareos, cambios de sabores, de olores, en fin; felizmente eso ocurrió desde el día 02 de enero y de esta forma no afectó ni la navidad como tampoco el nuevo año.

Mi sexta y última sesión de quimioterapia fue el 22 de enero (solo ahí fue luego de 23 días) por los varios feriados del calendario. Las otras cinco sesiones fueron exactamente cada 21 días sin ninguna variación.

Remarco esto de las fechas porque solo quien lo vive puede saber lo que ocurre en esos días: las enfermeras llaman según los horarios de cada paciente, al ingresar a la sala solo pasa un acompañante autorizado. Antes, uno pudo darse cuenta que alguien terminó y ese lugar te corresponde. Las salitas que están contiguas unas a otras en forma de media luna siempre están con pacientes (por lo menos diez por vez), cuentan con un sillón que es como una pequeña cama confortable y movible, al costado las máquinas listas con los productos a inyectar, a lado opuesto una pequeña silla para el familiar o quien va a cuidarnos y todas están separadas solo por cortinas.

Antes de inyectarte cada producto en el tubo del suero, la enfermera está en la obligación de explicarte como se llama esa sustancia, para que sirve exactamente y que reacciones vas a sentir. En mi caso, cada sesión duraba 7 horas 10 minutos. Entenderán que ese día uno se la pasa en el hospital entre esperar el turno y la preparación previa, sin tomar en cuenta el tiempo de salir y volver de casa. Pero, eso no es lo grave.

Ocurre que mientras recibes el tratamiento (por ratos sentada y en otro acostada), no hay una sola vez que no sucedan percances y eso si que impacta un poco. Gracias a DIOS que a mí nunca me sucedió nada y pasé todas las sesiones sin ningún inconveniente. Pero, cada vez veía como correteaban a los pacientes cuando ocurrían situaciones que se les complicaba y tenían que llevarles a otra sala de atenciones de urgencia; algunos volvían a la siguiente cita, otros ya no.

Al término de esta última sesión, vinieron a felicitarme, me desearon muchas felicidades y luego me hicieron tocar la campanita por largos minutos en medio de aplausos porque tiene un significado muy especial: como decir ya venciste la enfermedad!.

Volví a casa feliz y en espera de las fechas a programarse para las sesiones de radioterapia.

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