LA BIOPSIA AL PULMÓN

Mi cita fue el 20 de setiembre del 2017 a las 9.30 am. Llegué al lugar indicado, la puerta estaba abierta y me esperaban dos técnicos. Me dieron una bata de hospital para ponerme y volví de inmediato. Pidieron que me acueste boca abajo en la cama y en la parte alta sobre un gran soporte metálico estaba la computadora con la imagen del diminuto nódulo, materia de la prueba.

Mi hijita quedó en una silla del pasillo muy cerca de la puerta donde me encontraba, esperándome. Enseguida llegó el doctor y al verle preguntó si era mi hija, le dijo que si y él agregó: no te inquietes, esto es breve y todo va estar bien; diciendo eso ingresó a la habitación.

Me saludó de manera graciosa con un español mal hablado, seguramente pensando que estaba nerviosa y tratando de calmarme. Su gesto me hizo reír y sentí que me daba confianza porque en verdad estaba un poquito nerviosa pero más que todo inquieta y deseosa que todo esto pase pronto.

Me seguía hablando una mezcla de español y francés. Yo solo podía escucharle más no verle por la posición en que estaba ya antes los técnicos me habían desinfectado bien la espalda y advertido que no debía moverme ni un solo milímetro. Entonces me preguntó: lista?, comenzamos?. Ok doctor le respondí.

De inmediato sentí que se sentaba en una silla al borde de la cama y me dijo: hielo…hielo…frío…frío…al tiempo que me colocaba imagino un gel que sí era muy frío. Luego me frotó como tres minutos y me dijo: listo, ahí vamos. Para esto yo ya había buscado mucha información en internet y sabía como era esa aguja, se parece mucho a un agujón de tejer a crochet que lleva en la parte inferior un minúsculo aparatito para tomar las muestras. Sentí que desde mi hombro izquierdo introducía la aguja hasta abajo de mi espalda y un ruido como si se estaría engrampando algo y de inmediato sacó la aguja. Esto lo repitió tres veces y se acabó. Me colocó un parchecito diminuto como del tamaño de una uña y me dijo que me duche pero protegiéndolo antes y sin retirarle durante dos días.

Cuando vienen los técnicos para ayudarme a levantar, yo quise hacerlo por el lado derecho y me dijeron, no…no…no…tienes que ejercitar el izquierdo y entre los dos me hicieron sentar…oh sorpresa!. Cuando levanto la mirada veo que el doctor estaba haciendo su informe y me doy cuenta que era tan jovencito que yo calculo no tendría ni 25 años, me quedé helada y créanme que si al entrar yo lo veía, no me dejaba hacer el examen. La tonta idea que tenemos que son mejores los más viejos y experimentados. Y sin lugar a dudas, claro que son buenos pero, los jóvenes también son extraordinarios.

Para hablar con verdad, no me dolió en lo absoluto, la sola sensación que tenía y les voy a poner un ejemplo que no tiene relación solo es para dejarme entender porque de seguro que esto sí lo experimentaron en algún momento: cuando tienes que coser tu jean o colocarle un botón y pones una aguja con hilo grande y al jalar sientes que pasa un poco duro, esa es exactamente la sensación cuando introducen en la espalda esa aguja. Cero dolor.

Pero en mi caso hubo algo más, ya de vuelta a casa mi hijita me hacía muchas preguntas pensando que quizá yo no quería manifestar dolor, le convencí que no me dolía nada de nada. Entonces me dijo: mamita, solo te digo una cosa, de seguro que mañana y en los dias siguientes vas a tener dolor y tienes que tomar analgésicos pero además tu espalda se va a moretear por lo menos diez días. Le dije, todos los días me van a tomar fotos para saber como está mi espalda.

Llegamos a casa y al rato también mi hijo inquieto por saber como fue el examen. Le explicamos y coincidió con su hermana que mi espalda me va doler y se va a moretear y que él me va tomar fotos cada día y mostrar también en videos. Y yo les digo que para sorpresa de ellos, nunca se moreteó ni siquiera un milímetro y tampoco hubo dolor y al tercer día cuando retiré el parchecito ni rastros de nada. Ellos quedaron sorprendidos tanto como yo. Esa es la auténtica verdad. Porqué?, no lo sé, quizá por el trabajo preciso que hizo el doctor y también por mi piel imagino.

Pero lo que si para concluír debo decir es que ese doctor era tan guapo que más que médico parecía un actor de cine y es que entre tanto padecimiento que uno pasa, ver que en esas circunstancias un médico te trate con tanto cariño, te llena de contento. Salí reconfortada.

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