UNA CONFESIÓN PÚBLICA

Cada ser humano tiene su propia historia y, por tanto, cada quien sus experiencias de vida. Unos prefieren guardarlas en la más absoluta privacidad (una de ellas era yo), otros en cambio se sienten felices de compartirlo con sus familiares y amigos. La posición es correcta en cualquiera de los casos y se respetan las decisiones.

Por primera vez y, a estas alturas de mi existencia, quiero compartir con todos ustedes familiares, amigos, conocidos y también con aquellos que sin conocerme visitan este blog; las experiencias de vida que estoy pasando en estos últimos tiempos, con más exactitud desde finales del 2014. Y lo hago por dos razones: porque hice una promesa a Dios nuestro Señor y, porque estoy convencida que puedo ayudar a mucha gente que en estos mismos momentos debe estar necesitando saber que hacer en circunstancias difíciles.

Se trata de mi salud: en estos últimos 4 años pasé y aún continúo lo que nadie se imagina que le pueda ocurrir, esta vez me tocó el turno. Recibí un diagnóstico fatal, pero, con una tranquilidad tal que dejé perplejos a mis hijos y a los propios médicos. Y mi expresión de aquellos momentos no fue de contenerme para no hacer sufrir o de finjir (porque no se hacerlo), simplemente cuando mi doctora me dijo «por fin encontramos lo que tienes, estás haciendo un cáncer pero no te inquietes porque esto se cura».

Yo la miré con una leve sonrisa, observé al costado el rostro atónito de mi hija y le dije: ok, doctora y a partir de ahora que me viene?. Pero hubo un instante, no más de 5 segundos en que cerré mis ojos y en silencio hablé con Dios: Padre mío, me pongo en tus manos y en tí confío!. Y con certeza se  que EL me escuchó por todo lo que paso a paso van a conocer en esta columna.

Y quiero que sepan que nunca desesperé, no derramé una sola lágrima (ahí están mis hijos de testigos), mi vida sigue su curso con total normalidad, excepto claro está, las idas y venidas al hospital, las citas, los controles, muchas veces nada agradables (en nota aparte les voy a decir el porque en mi caso) pero, si necesarios.

Viajo sola a donde quiero, cada día desde que amanece y hasta que me acuesto disfruto de la vida, paseo, canto, río, bromeo mucho, me doy mis buenos antojos, converso, también doy consejos, voy al gimnasio, de compras, trabajo en casa porque nunca dejo de escribir (mi pasión); sobre todo tengo la sensación y siento algo en mi interior que me dice que estoy completamente sana, no tengo ningún dolor, se que voy a vivir muchos años más y que todo esto solo son experiencias de vida que me enriquecen espiritualmente por lo que estoy en la obligación y siento la necesidad de compartir con todos uds.

Hay Carmen para mucho tiempo y quedo a sus órdenes.

SIGUIENTE

 

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