ESTA HISTORIA COMIENZA ASÍ :

VIRGILIO Y LAURA
LAURA Y VIRGILIO

Laurita, mi mamá, nació melliza con mi tía Isaurita. Eran tan idénticas que hasta tenían un lunar en el mismo lugar del rostro y cuando décadas más tarde sus nietos querían reconocerlas no podían salvo cuando hablaban por el timbre de voz: de mi tía era más grave mientras que de mi mami más aguda.

Raymundo Bicerra Antúnez du Paraíso, mi abuelo (nacido en Belem Du Pará-Brasil), llegó a Iquitos (Perú) conoció a Carmen Alcina Venegas Noriega, mi abuela de quien se enamoró, tiempo después se casaron y formaron una linda familia compuesta por 11 hijos (7 mujeres y 4 varones). Ellos eran propietarios de Buena Vista, un fundo muy bonito asentado a orillas del río Tahuayo, afluente del Amazonas y donde mi abuelito pasaba el mayor tiempo posible trabajando en su ganadería y otros quehaceres propios del campo. Mi abuelita y todos sus hijos vivían en la ciudad donde ellos estudiaban y en cada periodo vacacional iban todos de paseo al campo junto al papá.

Pasaron las décadas, los chicos crecieron y ya de adultos cada cual emprendió su propio camino. Algunos de los varones viajaron a ciudades de la costa, otros al extranjero y uno de ellos fue al campo junto al abuelo. Las mujeres comenzaron también a contraer matrimonio y formar sus propias familias. La melliza de mi mami también se casó y poco a poco el hogar iba quedando vacío. Mi mami tuvo un admirador, un médico de la Fuerza Naval, se hicieron novios a escondidas; mientras tanto, ella trabajaba con mi abuelita en la fábrica de botones que según nos contaron quedaba por el sector de Morona Cocha.

Cuando el doctor fue a pedir la mano de mi mamá, mi abuelita dio “el grito al cielo”, se opuso tajantemente a tal punto que mi mamá en obediencia, tuvo que cortar esa relación. Seguramente triste y despechada, sin hacer mayores comentarios juntó todos sus documentos y los presentó al sector Educación por un puesto de docente. A los pocos meses le llegó la respuesta: le concedían una plaza como directora de un centro educativo rural en la comunidad de San Jorge (río Amazonas) a 8 horas más o menos en bote/motor desde la ciudad.

Al enterarse mi abuelita dio nuevamente otro “grito al cielo” pero ya nada podía hacer, mi mami estaba decidida, alistó su viaje y fue a dicho lugar a hacerse cargo de su puesto. Al llegar fue recibida muy efusivamente por los pobladores y por el mismo Teniente Gobernador y propietario del lugar don Virgilio Rojas, quien trató de brindarle todas las comodidades posibles en una zona  inhóspita que como se sabe, carecen de muchos elementales servicios.

Mi mamá pronto trató de adaptarse al lugar y comenzó a trabajar en la escuela con los muchos niños de dicha comunidad que iban entre transición y quinto grado de primaria.Y muy pronto también se ganó el cariño de toda la gente que a cada paso le mostraban sus afectos.

Virgilio, mi papá, viene también de una familia numerosa (6 mujeres y 5 varones: también 11 hermanos en total), su historia es un poco fantástica pero también muy triste.

Benigno Rojas Valera, mi abuelo a quien no llegué a conocer porque murió antes que yo exista, (era de San Martín); Adriana Regrak Carranza, mi abuela era hija de judíos que venían escapando de su país y ella por casualidad del destino nació en España. Llegaron a Perú cuando era muy niña y se instalaron con sus padres en el norte, exactamente en Trujillo, donde según también nos dijeron que en la biblioteca de esa ciudad hay un libro de poemas de su autoría. Yo fui tres veces a esa linda ciudad pero siempre en visitas fugaces por trabajo y nunca tuve tiempo de ir a buscar sus obras, pero creo sin lugar a dudas que es verdad porque mi papá tuvo el mismo don que su mamá y compuso no solo poemas, también muchas canciones y cuentos amazónicos.

Se sabe que mi abuelito viajaba mucho por razones de trabajo de su pueblo hacia la costa norte donde cierto día conoció a mi abuelita, se enamoraron y terminó robándole (porque ella era aún menor de edad) le llevó hasta Iquitos donde se instalaron y formaron su hogar. Tal como el caso de mi familia materna ocurrió con ellos, mi abuelo trabajaba en su fundo San Jorge, tierra muy productiva y su esposa con sus hijos vivían en la ciudad, para ir al colegio.

Mi papá con mucha tristeza siempre recordaba a tres de sus hermanos que de muy chicos perecieron ahogados en las aguas del Amazonas (Toribio, Germán y Benigno) y solo quedaron dos varones: mi tío Jorge que era el mayor y se hizo policía y mi papá que era el menor de todos. Cuando tuvo 11 años mi abuelito cayó gravemente enfermo, se postró para nunca más recuperarse. Tuvieron que vender varias propiedades que habían adquirido en la cuadra 8 de la calle Próspero para solventar los gastos de su enfermedad. Finalmente tres años después falleció y mi papá con solo 14 años tuvo que hacerse cargo del fundo con todos los trabajos y las responsabilidades que significaba mantener a su mamá y 6 hermanas mujeres en la ciudad. Lo hizo con todo amor y de manera excelente.

San Jorge fue sus nidito de amor: Laurita y Virgilio ahí se conocieron, ahí se amaron y pasado el tiempo en un día de Navidad decidieron unir sus vidas en matrimonio legal y religioso realizado a solo media hora del lugar en Tamshiyacu, capital del Distrito de Fernando Lores. Vivieron 49 años de muy feliz matrimonio hasta que mi papá falleció, seis años después mi mamá fue a su encuentro. De esa feliz unión nacimos 5 hermanos (4 hombres y 1 mujer).

La historia sigue porque hay mucho más que contar!.

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